Fue una simpleza la que ocasionó tremendo caos.
Rocío no quería caminar más para buscar el transporte que
los llevaría a su destino e hizo una rabieta que no sabía que le saldría cara.
Julián no aguantó más y decidió poner fin a la andanada
de pataletas que ya había presenciado, así que quiso renunciar a seguir
soportándolas y dió por terminada la relación.
Ella quedó con un palmo de narices, desconcertada caminó
sin poder pronunciar palabra, como sin rumbo fijo... encontró una capilla
abierta, decidió entrar y se sentó apartada, sin poderlo creer todavía lloró al
cielo para que esto solo fuera un mal sueño. Decidió salir y, sin saber que
hacer, caminó... ¡QUE IRONÍA! Estaba haciendo lo que ocasionó tan
desproporcionada situación.
Caminó por largo rato, pensando en los bellos momentos
que ella y Julián habían pasado en el tiempo que duró la relación, y mientras
recorría el sendero, las escenas de esos instantes corrían por su mente, cual
película rodando en el proyector, se recriminaba el no haber sido más sensata,
más juiciosa... y ya no podía hacer nada para remediarlo, quería correr de
vuelta al lugar donde lo vio por última vez y pedirle perdón, quería gritar,
pero solo siguió caminando y, al darse cuenta, ya habían pasado más de dos
horas, subió al autobús, por vez primera notaba lo largo que era llegar hasta
donde debía, solo quería recostarse en su cama y llorar su amarga pena.
Cuando por fin llegó a su paradero sintió la fatiga en su
cuerpo, la pesadez de sus pies, como si cargara kilos de cemento en
ellos, así llegó a su posada; triste y melancólica abrió la puerta de su
recámara, para encontrarse con una cantidad de papeles, esparcidos por toda la
habitación, hojas de cuaderno cortadas por la mitad, colocados estratégicamente
para ser visto donde quiera que mirara, uno pegado detrás de la puerta, otro
sobre la cama, uno más encima de una jaula roja, donde alguna vez vivieron unos
pequeños hamsters, en el armario, en la mesita de luz y en otros cuantos
lugares. Estabas escritos con pensamientos de amor, de perdón, tenían
dibujados caricaturas que le alegraron el corazón, mensajes que le hicieron
volver el alma al cuerpo, que hicieron desaparecer toda pesadez y todo
cansancio que podría tener en ese momento.
No lo podía creer... Julián había llegado mucho antes que
Rocío y la había esperado... y en vista de que no llegaba pronto, desbordó el
amor que sentía por ella en esos pequeños papeles y espero escondido en la
penumbra, queriendo saber si ella sentía lo mismo.
Al fin decidió tocar
a la puerta y ella, asombrada, lo miró a los ojos, sus almas se encontraron,
fundiéndose en un abrazo, se besaron con pasión, tiernas caricias rodaron por
sus cuerpos y se compenetraron como si fueran un solo cuerpo.
Kevin
Kern - safe in your embrace

